En Alemania siempre lavamos la ropa a 40º. Es lo que soltó mi compañero de piso cuando intentaba enseñarme el funcionamiento de la lavadora (requiere ser ingeniero aeronáutico para comprenderla), yo le decía que me enseñara un programa para lavar la ropa en frío como solía hacer en mi casa, con cara de espanto me soltó que hay que lavarla con esa temperatura para matar los gérmenes.
Toma ya, te lo dice alguien que los fines de semana se va a Laboratory y se trajina a 30 tíos por noche, ahí no hay problemas de gérmenes; se los cepillara a 40 grados imagino.
No se si este tipo de incoherencias son típicas de un alemán, de un berlinés o bien de un gay con mucho tiempo y dinero, pero de estas ya he visto varias, se pasan el día fumando, tomando cervezas y bebiendo bebidas edulcoradas, comiendo a deshoras... eso si la carne tiene que del supermercado biológico, así como las legumbres, para luego cocinar con aceite de palma porque el de oliva es malo para guisar.
La botella de agua es personal e intransferible, yo bebo del grifo, les debo parecer un ruin insano, pero me la suda lo que piensen, me toca mucho las narices cuando te explican algo y parece que su manera de hacerlo es la correcta, ¿por qué? pues porque soy alemán y todo lo hago bien.
Aquí, los españoles no están del todo bien vistos, en una conversación con un tipo por el Scruff me dijo que los españoles no eramos empáticos, solo pensábamos en nosotros y no nos integrábamos en la cultura local. Mi compañero de piso me contó que si, que los españoles junto con los italianos tienen fama de solo pensar en la fiesta. Los berlineses se quejan mucho porque nos movemos mucho en las discotecas pero por otra parte desean acostarse con nosotros por nuestra buena fama como amantes: volvemos a la incoherencia.
En fin, como dice mi amiga Rita Peich que lleva mucho tiempo por estas tierras, en todas partes hay gente estupenda y gilipollas. Desde luego no hay que amilanarse, esta ciudad te exige que saques todo tu carácter.
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