Hace dos semanas regresé de Madrid, estuve 25 días por vacaciones, mi relación con mi familia y amigos muy bien, pero no acabé de sentirme cómodo en la ciudad en la que había vivido 40 años. Todo me resultaba más pequeño y aburrido, las calles sucias, olían fatal (hacía meses no llovía), el ambiente muy cargado, volví a tener alergia. Veía Madrid con mucha gente mayor.
Esperando el tren del aeropuerto una señora me preguntó: "¿perdona, éste va a Atocha?", contesté que si y no me dio las gracias. Me resultaba excesivamente directa y agresiva la manera de hablarnos.
Estuve en Móstoles, Madrid Centro y Cáceres, hice vida tranquila, comer, dormir, estudiar alemán, visitar mi antiguo trabajo. Cansado de dormir en camas de invitados, deseaba regresar a Berlín. Me sorprendía este cambio cuando hacía solamente tres meses que me había marchado.
Compartí momentos íntimos con mis amigos, cuando mejor me sentía es cuando nos reuníamos a comer y charlar en alguna casa, especialmente en la de Julio.
"Mi futuro marido": Koldo, estuvo unos días, hablamos mucho sobre nuestro futuro en San Sebastian o en Cadiz, tengo claro que poca gente me va a querer como él.
La cena de Nochevieja en casa de Julio (único día que me excedí de "estimulantes") fue especialmente divertida. Nos juntó con amigos suyos de Madrid, Almagro, Abu Dabi... De las reuniones, destacaría, un domingo con Marisol, Pablo, Julio, Ramez, Paco, Patricia y yo; prepararon unas gachas manchegas. Me di cuenta que lo que más echo de menos de España es el humor. Marisol no dejaba de meterse popper cada dos por tres, nos contó como en una fiesta estaba empastillada y pensaba: "me sobráis todos, que se quedé solo mi amigo y el DJ, el resto fuera" no he oído mejor descripción del estado anímico del subidón producido por el éxtasis.
A nivel sexual estuve muy cómodo con Fritz y un médico argentino que finalmente conocí tras llevar mucho tiempo hablando antes de irme. Salvo alguno más de la aplicación, nada más destacable, la gente en Madrid es bastante estúpida por esta vía. Es increíble, a Julio le ocurre igual, en Berlín te desean tiazos y en Madrid te tratan con indiferencia tipos que no valen nada.
De la noche mejor no hablar, salvo el día de año nuevo que fui al Demode con Basma y Luís; estuvimos seis personas bailando, el resto de llorar. En Nochevieja, en un after nos cobraron 30 euros por entrar, en la infernal cola del ropero me intentaron robar, harto, salí para que me devolvieran mi dinero, previa amenaza de denunciar a la policía por sobrepasar aforo del local. También estuve en la fiesta del Minitel: imposible con la gente que no se podía estar quieta y los gritos. Dos días antes de irme, en Polana, fue la fiesta Federisco80: muy divertida.
El día 11 de Enero regresé. Llorera al despedirme de mis padres y sobrinos. Cuando llegué a Berlín estaba todo nevado, no hacía especialmente frió, me encantaba el aire que respiraba, estaba cómodo.