Los alemanes también tiene su crisis, no se vayan ustedes a creer. Pero, voy a empezar a hablando, de la mía personal con ellos. Cuando regresé de vacaciones de Navidad, empecé con el nivel B1 de alemán; nuevos profesores, a cual más desastre: el primero majo y divertido pero el segundo el tío más cuadriculado que he visto en vida. En la primera semana se cambiaron al turno de por la mañana varios alumnos y cada día dejaba de asistir alguno. A nivel personal, no me apetecía ir por la mañanas y en otro orden me estaba desanimando; permanecía en clase ausente pendiente de mi móvil, Ya un día cansado, decidí hablar con el tipo, le comenté que sentía que me aburría y tenía la sensación de perder el tiempo, él me respondió que el método era así y debía seguirlo. No daba crédito ¿cómo es posible que viendo que sólo te quedan 5 alumnos en clase que no te prestan atención, seas incapaz de dar un giro a la situación y buscar fórmulas alternativas?. Resultado: a la responsable de la escuela no le quedo otra alternativa que busca un profesor nuevo.
En mi casa, más de lo mismo, pongo una lavadora con mi ropa de cama sucia y una bajera de mi Room Mate. A los pocos día recibo un mensaje preguntando por la sábana. Una vez seca, la guardé por error con la mía. Dije que la cogiera del armario, increíble la respuesta: que tuviera más cuidado, que debía dejársela en su sitio porque la noche anterior no tuvo sábana... Decides hacerle un favor, pero como no lo haces perfecto... Me repatea ese aire de superioridad sobre todo de gente tan inculta como mis compañeros: preguntales por el último libro que han leído, museos visitados en Berlín, espectáculos...
La tacañería de algunos me desquicia, al parecer el agua es bastante cara, mi compañera de clase me dice que ella conoce gente alemana que solo se ducha una vez a la semana, pensando me di cuenta que en mi casa hacen los mismo. Tienen una especie de manopla de toalla con la que se limpian la cara y supongo que el coño, ojete y la sobaca, el orden lo desconozco.
Todo ésto me llevaba a pensar: ¿Puedo convivir mucho tiempo con esta gente? ¿podría trabajar con ellos? Personas que siempre van a las tiendas más baratas, que esperan ser invitados a todas las fiesta o espectáculos. Mi amiga Vera de Luxemburgo se queja de lo mismo, es imposible ir a cenar a algún sitio en condiciones con ellos, no piensan en tomar un buen vino o pagar por un espectáculo, siempre preguntan que cuesta todo. Si de vez en cuando no alimentas el espíritu, comes bien o te regalas una ducha a diario, es una manera de quererte poco a ti mismo.
Decidí llamar a mi amiga Merche, lleva mas de una década viviendo en Alemania, le comenté como me sentía. Ella me dice siempre, no generalices, hay gente estúpida, educada, aseada, sucia, generosa y rácana como en todas partes. No olvides, que estás en Alemania, eso supone que tienes que convivir con ellos y no huyas a otra parte, viajan mucho.
Esta tarde quedé a echar un polvo con un vecino nuevo, me invitó a su casa. Como los últimos tíos con los que he estado,era indetectable, pero este tema lo trataré en otro post porque tiene tela. El tipo bastante majo y morboso, alto, atractivo, poco aseado (el caso que me dijo que le diera tiempo para una ducha) y un rabo tremebundo; as usual. Como suele ser habitual en Berlín me toca el rol de activo, no me importa ya le cogido el gusto y la verdad que estoy disfrutando bastante. Al mitad del polvo me dice que quiere penetrarme, me extraña porque solo había estado erecto al principio. Me dice que el se conoce y sabe como funciona esto, el caso, primero me embadurna de lubricante, nada, luego se cambia el cock ring, igual de capa caída, él insiste... el muchacho empieza a sudar, se pone nervioso, yo pensando en la compra y como iba a titular el post que pensaba escribir de la situación... tras 20 minutos decido volver al rol inicial y me corro, y bien a gusto la verdad... El tema es más de lo mismo, la autoexigencia, ser incapaz de relajarte y buscar otras alternativas .No fue agarrado, que me ofreció dulces fruta y bebidas varias.
Me doy cuenta que alemanes envidian bastante a los latinos, esa manera tan relajada de enfocar la vida, desenfadada, despreocupada con el dinero, la capacidad de improvisar y sobre todo el disfrutar de placeres como la comida, el sexo, el humor o una ducha diaria.