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domingo, 1 de noviembre de 2015

Der Rücken II

Empecé con el quiropráctico, un tipo francés muy majo, las dos primeras sesiones noté una mejoría increíble, pero a la tercera todo fue a peor, tanto, que él me recomendó llamar a una ambulancia para que me ingresaran. A los pocos días, totalmente limitado, me puse en contacto con una amiga de Barbi que conocí en Julio: María, una chica colombiana que está haciendo el MIR de traumatología; fui una tarde que estaba ella en urgencias y me dejaron ingresado.

La primera noche, me metieron en una habitación con dos señores bastantes mayores, uno completamente limitado que me regaló pan seco y gominolas y otro con un mal genio de tres pares de cojones, por la mañana sin apenas haber dormido por el dolor, desayuné con el primero, me sorprendía que ningún familiar estuviera con el, cuando me ofrecía a ayudarle, me decía que el vivía solo y se apañaba.

Antes de que el Doctor hiciera la ronda, el viejo de mal carácter se puso a gritar al otro y le montó un pollo de narices, cuando mi médico terminó de examinarme le pedí que me cambiara de habitación, me mandó a una para compartir con un español: así fue como, conocí a Jesús: concejal del ayuntamiento de Alcorcón de un partido de nueva formación que estando de vacaciones en Berlín con su esposa, Montse, se quedó inmóvil por una hernia lumbar. Llevaba varios días hospitalizados a la espera que la medicación le hiciera efecto para poder regresara a España, en caso contrario le harían una intervención.

Estuve una semana en el Hospital, hasta el tercer día no pude dormir sin dolores y empezar a caminar mas erguido, me decían que me tenían que poner una infiltración con una tomografía pero no había hueco, esto un miércoles, el viernes desesperado porque sabía que me tendría que esperar hasta la semana siguiente para realizar el tratamiento, cuando llegó la cena (pan y queso) me puse a llorar, no era por dolor era porque empezaba a creer que no me quedaría otra que regresar a España.

De esa semana lo más destacable, además de la amistad con mis compatriotas fue conocer a un tipo que le bauticé con el nombre de "Culebra". Le conocí por Scruff, se ofreció a ir a visitarme al Hospital y así lo hizo llevándonos hamburguesas a mi y a Jesús, el tipo era/es encantador, habló con los médicos, me dijo que el había sufrido un problema parecido y me ofreció a ir a su médico..... Increíble su generosidad hacia un desconocido. Le comenté que estaba pensando regresar a España si no mejoraba y me dijo que no entendía, que debía buscar una solución aquí, incluso se ofreció a cuidarme en su casa, pero.... tiene como mascota dos serpientes una muy jovencita y otra de un metro y medio; literalmente, me cagué vivo, ¿como alguien, puede convivir con semejante animal? me preguntaba: si alguien puede estar equilibrado teniendo una serpiente de esas dimensiones en su casa.

Jesús y Montse se reían con la situación. "Culebra" me ofreció terapias alternativas como ponerme unas babosas en la espalda. Un interno italiano que hablaba español llegó a nuestra habitación, "Culebra" se puso a hablar con él en alemán, antes de irse le dije que explicara le había dicho porque no me fiaba de un tipo que quería ponerme unas babosas en la espalda, mis amigos españoles no podían dejar de reír, pero no acabaron ahí las situaciones rocambolescas. Al día siguiente, "Culebra" vino a visitarme al mediodía, trajo las hamburguesas y se quedó hasta por la tarde, yo había olvidado que otro contacto de Scruff se ofreció a visitarme, así que coincidieron los dos, el momento fue un poco incómodo, lo resolví pidiendo a Montse que se llevara a "Culebra" a la cafetería.

La noche del lunes me hicieron la ansiada tomografía para inyectarme una infiltración en la articulación sacroiliaca, una prueba muy desagradable, en ese momento ya no tenía dolores y caminaba casi bien. Al día siguiente me dieron el alta.